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Entrenar la mente para vivir mejor: el mindfulness visto desde la neurociencia

En los últimos años, el mindfulness se ha vuelto casi omnipresente: aplicaciones, talleres, libros, empresas y escuelas lo recomiendan como una solución para el estrés y la falta de atención. Pero más allá de la moda, surge una pregunta clave: ¿qué pasa realmente en nuestro cerebro cuando practicamos mindfulness?


La neurociencia tiene algunas respuestas muy interesantes.


Mindfulness: una estrategia de entrenar la mente y no apagarla


Contrario a lo que muchas personas creen, practicar mindfulness no consiste en “dejar la mente en blanco”. En realidad, se trata de aprender a prestar atención al momento presente, observando pensamientos, emociones y sensaciones corporales sin luchar contra ellas.

Desde el punto de vista del cerebro, esto es un entrenamiento mental. Y como todo entrenamiento, produce cambios reales.


Un cerebro menos reactivo y más consciente


Uno de los hallazgos más consistentes de la neurociencia es que el mindfulness ayuda a reducir la reactividad emocional. Esto tiene mucho que ver con la amígdala, una estructura cerebral que actúa como sistema de alarma ante el peligro.


Cuando vivimos estresados, la amígdala está hiperactiva. Con la práctica regular de mindfulness, esta reacción se suaviza. No es que dejemos de sentir emociones, sino que dejamos de reaccionar en automático.


En la vida diaria esto se traduce en:

  • Menos impulsividad

  • Mayor calma ante situaciones difíciles

  • Más espacio para elegir cómo responder


Su objetivo es: volver al presente una y otra vez


Otro gran beneficio del mindfulness ocurre en las áreas del cerebro relacionadas con la atención. Practicar atención plena fortalece regiones que nos ayudan a mantener el foco y a darnos cuenta cuando la mente se dispersa.


Esto es especialmente relevante hoy, en un contexto de notificaciones constantes y multitarea permanente. El mindfulness no evita que la mente divague, pero sí nos entrena para volver más rápido al presente, sin frustrarnos.


La ecuación clave: menos rumiación, más claridad mental


La neurociencia también ha observado que el mindfulness reduce la actividad de la llamada “red por defecto”, que es la que se activa cuando estamos atrapados en pensamientos repetitivos, preocupaciones o autocrítica.


Cuando esta red se calma:

  • Pensamos menos en exceso

  • Disminuye la rumiación mental

  • Aparece una sensación de mayor claridad

Por eso el mindfulness es tan útil en procesos de ansiedad y depresión.


Lo ideal es aprender a conectar con el cuerpo para entender las emociones.


Muchas prácticas de mindfulness ponen atención en la respiración o en las sensaciones corporales. Esto no es casualidad. El cerebro tiene áreas específicas que nos permiten escuchar al cuerpo, y estas se fortalecen con la práctica.


Al mejorar esta conexión, empezamos a notar las emociones antes de que se desborden. Un nudo en el estómago, tensión en los hombros o respiración agitada se vuelven señales valiosas, para entender y comprender cómo estamos procesando las situaciones.


En la era moderna, se usa como un recurso para borrar las huellas del estrés. El estrés crónico afecta directamente al cerebro y al sistema hormonal. La buena noticia es que el mindfulness contribuye a regular estos sistemas, ayudando al cuerpo a salir más rápido del estado de alerta.

No elimina los problemas, pero sí cambia la forma en que el cuerpo los procesa.


Entonces, ¿por qué funciona el mindfulness?


Porque no es solo una idea bonita. Es una práctica que:

  • Entrena la atención

  • Reduce la reactividad emocional

  • Fortalece la regulación del estrés

  • Aprovecha la capacidad del cerebro para cambiar

En otras palabras, el mindfulness funciona porque trabaja con la biología del cerebro.


Practicar mindfulness no nos convierte en personas perfectas, ni nos libra de emociones difíciles. Pero sí nos ofrece algo muy valioso: la posibilidad de vivir con más presencia, menos piloto automático y mayor conciencia.


Por eso mi consejo, desde mi vivencia personal, es comenzar con cambios progresivos e incursión en prácticas que activen la neuroplasticidad de tu cerebro como el mindfulness.


Dejame conocer tu que opinas y si lo has practicado antes.


Autora

Lina Moreno

 

 
 
 

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