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cambio por saturación de sufrimiento

  • linammq
  • hace 4 días
  • 4 Min. de lectura

Hay un tipo de cansancio que no nace del trabajo, ni de la falta de descanso, sino de la repetición emocional. Es el desgaste de volver a ilusionarte, volver a apostar, volver a explicar quién eres y qué necesitas, para terminar otra vez sintiéndote insuficiente, invisible o en competencia por el afecto de alguien que no termina de elegirse a sí mismo y mucho menos a ti.


No suele ocurrir de golpe. Se va acumulando en silencios incómodos, en mensajes no respondidos, en promesas que se reformulan pero no se cumplen, en la sensación constante de estar dando un poco más de lo que recibes. Al principio lo llamas paciencia, luego compromiso, después amor. Hasta que un día te das cuenta de que también era autoabandono.


Muchas personas que sufrimos en las relaciones no amamos mal: amamos intensamente, con profundidad, con presencia. El problema no es la capacidad de amar, sino el lugar desde donde elegimos. Cuando eliges desde la carencia, la necesidad de ser vista o la esperanza de ser finalmente priorizada, el corazón interpreta intensidad como conexión y esfuerzo como prueba de valor. Entonces la lucha se disfraza de vínculo.


Con el tiempo, sin embargo, el cuerpo emocional empieza a registrar algo que la mente intenta negar: no deberías sentirte en permanente competencia por la atención de quien dice quererte. No deberías tener que traducirte cien veces para ser comprendida en lo básico. No deberías sentir ansiedad como estado normal dentro del amor.


La saturación llega cuando la narrativa que sostenía la esperanza deja de convencerte. Ya no alcanza con pensar que “va a cambiar”, ni con recordar los momentos buenos, ni con justificar las ausencias emocionales del otro. Empieza a aparecer una claridad incómoda pero honesta: no estás cansada de amar, estás cansada de perseguir reciprocidad.


Ese momento es difícil porque duele, pero también es honesto. No nace de la rabia sino de la lucidez. Es cuando dejas de preguntarte cómo lograr que te amen mejor y empiezas a preguntarte por qué aceptaste tan poco durante tanto tiempo. No para culparte, sino para entender el patrón. Muchas elecciones afectivas repetidas no son mala suerte: son familiaridad emocional. Tendemos a sentirnos atraídos por dinámicas que, aunque duelan, se parecen a heridas antiguas que siguen buscando ser resueltas. Es la continuación de los lazos con papa, con mamá o con aquella figura que participó en la infancia.


Pero, el punto de cambio no aparece cuando encuentras a alguien nuevo, sino cuando decides que el amor no puede seguir costándote dignidad, calma y autoestima. No se trata de endurecerte ni de desconfiar de todo el mundo, sino de reconocer la diferencia entre apertura y desprotección. Entre dar y perderte. Entre esperar y rogar afecto aunque no sea verbalmente.


Cuando el sufrimiento amoroso se satura, algo interno se reorganiza. Empiezas a notar señales que antes minimizabas. Tu tolerancia a la indiferencia baja. Tu necesidad de claridad sube. Tu idea de amor se vuelve menos dramática y más consciente. Ya no buscas que te elijan para sentir que vales: quieres que te elijan porque ya sabes que vales.


Y aunque ese despertar trae duelo, porque implica soltar fantasías, patrones y a veces personas, también trae una forma más limpia de esperanza. No la esperanza de que alguien cambie para poder quererte bien, sino la esperanza de que tú ya no volverás a elegir desde el hambre emocional, sino desde el respeto propio.


El amor deja de ser una lucha cuando deja de ser una prueba constante. Y ese cambio no empieza afuera. Empieza en el límite interno que finalmente dijiste: hasta aquí, esto no lo quiero, no lo merezco y no estoy dispuesta a ceder por bienestar del otro. Y puede que eso genere comentarios como: eres frágil, no eres de mente abierta, no tienes la suficiente madurez y si puede sugerir un sin fin de palabras, pero nada puede ser más fuerte que tu derecho a vivir en paz, con valores y respeto.


Y aunque quizás pareciera que estás perdiendo, no es así. Por primera vez, te estás dando cuenta que el primer amor no era hacia afuera sino hacia ti. Que la validación y aprobación vienen de ti y de tu consciencia de existir. Mi consejo, no pedido, para esta transición, es aferrarse a la fe de que hay algo más poderoso en el universo que está alineándose a tu vida con esta nueva resonancia de amor propio, que más que suene a cliché, es el reconocimiento de todo lo que eres y todo lo valiosa que te hace exclusiva.


No estas sola, aqui tenemos un grupo abierto para mujeres que quieran soportarse en la transición hacia el amor sano.




El dolor no es exclusivo de género, los hombres también pasan por esto y les cuesta más expresar sus emociones, porque lastimosamente no está bien visto en la sociedad y hoy para ti, hombre, que me estás leyendo, te abrazo, te reconozco y te acompaño en tu dolor. Si estas aqui es porque estás buscando las herramientas para dejar de repetir eventos dolorosos y activar el CAMBIO.


Autora: Lina Moreno

 
 
 

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